Wilhelmsson

Wilhelmsson, Martins, Babel y otros sueños de una noche de verano

No deja de ser curiosa la forma en que algunos jugadores dejan su nombre grabado a fuego en la memoria colectiva. Desde nuestro último viaje a los infiernos, hubo más de un centenar de fichajes cuyo nombre apenas recordamos. Cesiones recurrentes desde Portugal prometiendo al nuevo Cristiano Ronaldo, ideas de bombero que llegaban a última hora y tránsfers insospechados sobre la bocina que iban a cambiar el rumbo de las cosas. Mediapuntas cuyo talento había pasado inexplicablemente desapercibido por diversos azares, centrales infranqueables que serían desde ahora el nuevo Djukic o el Naybet de la siguiente década.

Cientos de caras que no recordaremos

Este declive paulatino duró unos 15 años y nos llevó de hacer el ridículo en la Europa League hasta la tercera división. Estuvo trufado de falsas expectativas y trucos de trilero que la secretaría técnica sacó de la manga para satisfacer a una afición falta de esperanzas en un tiempo gris. ¿Quién se acuerda de los Kakuta, Wilk, Sissoko, Ifrán o el refinadísimo Ola John? Casi nada. Gente que dejó una impronta nula en la grada, aunque alguno estuvo más de una temporada inscrito en la plantilla deportivista. Marlos Moreno, Oriol Riera, Jonás Gutiérrez o Isaac Cuenca —por ejemplo— venían de grandes clubes con la vitola de jugadores contrastados, pero demostraron ser capaces de pasar de puntillas ante Riazor sin dejar la huella propia de una figura en ciernes.

Wilhelmsson, Babel y Corentin Martins fueron gratas e inesperadas sorpresas

Sin embargo, hay un selecto y minúsculo grupo de jugadores que, pese a los pocos minutos que tuvieron frente a la hinchada coruñesa, supieron ganarse el cariño y el respeto unánime de quienes pudieron verlos defender nuestro escudo. Hablo, en particular, de Christian Wilhelmsson, Ryan Babel, Corentin Martins o Jérome Bonnissel. Sus trayectorias de blanquiazul fueron un pequeño cuento de hadas, tan bello como efímero, que aún a día de hoy permanecen en la memoria del aficionado nostálgico de los buenos tiempos.

Christian Wilhelmsson, el camaleónico todocampista sueco

Si hay un ejemplo claro de lo que expongo, ése es Christian Wilhelmsson. Un jugador tremendamente versátil que llegó en enero de 2008 tras no haber mostrado en el Nantes, la Roma y el Bolton el rendimiento que de él se esperaba. Un fichaje de campanillas en plena ventana invernal, que pronto cerró las bocas de los escépticos a base de trabajo y calidad en el juego. Los días que siguieron a la firma del contrato vinieron acompañados de comentarios en prensa de lo más pacón. Se insinuaba que la nueva incorporación deportivista era bien recibida en la ciudad más por la belleza de su pareja que por la calidad del futbolista o el rendimiento que pudiese ofrecer en el campo.

Al margen de estas estupideces, Willy demostró rápidamente que había pelotero, y puso al servicio del equipo su talento, su enorme polivalencia en el esquema táctico y un optimismo que contagió a la grada en poco tiempo. Todo ello acompañado de la humildad propia de un currelas que viene a ganarse el sueldo sin creerse que está por encima de nadie. Esta fantasía duró unos 15 partidos, y para cuando todo el mundo estuvo convencido de que había una nueva y sólida figura en la plantilla, la oferta que habían hecho desde Oriente Medio se lo llevó a la liga saudí. Tardamos pocos meses en perder de vista a la nueva e inesperada figura, que se fue a un Al Hilal donde últimamente brillan gente como Neymar, Rúben Neves, Koulibaly o Milinković-Savić.

Ryan Babel, apuesta sin fe por un futbolista devaluado

Similar al de Wilhelmsson fue el caso de Ryan Babel. Un jugador cuya proyección disparó las expectativas de media Europa cuando apenas contaba 20 añitos y era una gran promesa en el Ajax de Sneijder, Heitinga, Maduro, Davids o Huntelaar. Extremo puro, con una velocidad endiablada y mucha potencia, que a su vez era capaz de finalizar y crear juego. Un diamante en bruto que se llevó el Liverpool de Rafa Benítez en un tránsfer multimillonario.

Babel, una joven promesa ajaccied

En Anfield, no obstante, Ryan nunca llegó a triunfar. Al acabar su contrato de 4 años vinculado a los reds, se fue al Hoffenheim y de vuelta al Ajax, que acabó vendiéndolo al Kasımpaşa turco. Tras dos temporadas acabó yéndose a Emiratos Árabes, de donde lo repescó la secretaría técnica del Deportivo en septiembre de 2016. Con 30 años y una carrera en manifiesto declive, se le trajo a Riazor como apuesta de riesgo, contratado hasta el mercado de invierno y sin cerrar ninguna cláusula de rescisión que permitiese amortizar económicamente el experimento si éste salía bien.

Un acierto que se convirtio en chapuza

La realidad fue caprichosa, como suele ocurrir cuando la planificación deportiva es un castillo de naipes a punto de que lo sople un gilipollas que quiere hacerse el gracioso. Ryan Babel disputó 11 encuentros en Coruña, saliendo de titular en 5 de ellos y anotando 5 goles en total. Fue determinante para ganar varios de los puntos que el Dépor se llevó a su casillero en la tabla, pero la mala gestión en los despachos impidió retener a un jugador cuya carrera y cotización de mercado reflotaron en Riazor ante el público internacional. El Besiktas turco le ofreció en diciembre un contrato fuera del alcance de las arcas blanquiazules, ya jugando sobre seguro. El desenlace fue el previsto, y Babel hizo las maletas para enrolarse con las águilas de Estambul, donde rindió a gran nivel durante 3 temporadas.

Corentin Martins, la estrella silenciosa que acabó eclipsada por Rivaldo

Aunque pudimos disfrutarlo durante una temporada entera, el buen sabor de boca que dejó Corentin Martins en la grada unos años antes fue muy similar. Corría el año 1996 y un Toshack tan reputado como indulgente estaba al cargo de la dirección técnica de un Superdépor envejecido, cuyas figuras pasadas dejaban hueco a la nostalgia, y las todavía presentes languidecían por momentos. Aquel verano se fueron símbolos como Aldana y Liaño, al tiempo que llegaban fichajes de dudoso crédito. Renaldo y Madar prometían alegremente hacer olvidar pronto a Bebeto. Kouba y Flávio no llegaron a mostrar su verdadero nivel en una temporada muy discreta. Por otra parte, Rivaldo, Naybet y Martins personificaron los aciertos de un Lendoiro que comenzaba a sacar el talonario a lo Jesús Gil.

Si Rivaldo acabó erigiéndose como la gran figura de aquel Deportivo de transición, entre Arsenio e Irureta, un veterano centrocampista francés estuvo cardando la lana durante toda la temporada. Sus características físicas no eran tan espectaculares como las del brasileño, a la sazón ganador del Balón de Oro jugando ya para el Barcelona. Pero su talento, oportunismo, velocidad y una cuota de trabajo en equipo sobresaliente hicieron de Corentin Martins el otro gran baluarte local en un año discreto de cara a objetivos más ambiciosos.

Corentin Martins, más nueces que ruido

No fue Rivaldo quien salvó la temporada del club. Al menos, no sólo él. Una gran figura terminó acaparando portadas y llamando la atención de la secretaría culé, pero terminó el curso jugando más para su lucimiento personal que para el bien colectivo. En cambio, una hormiga atómica con diestra de seda, un llegador revoltoso y astuto como pocos, firmaba unos números que poco tenían que envidiar a los del astro canarinho. Fichado al Auxerre de Guy Roux en su madurez deportiva, Corentin Martins fue el sueño de una noche de verano que no pudimos retener, pues llegado el fin de curso, prefirió volver a Francia por cuestiones familiares. Dejó un regusto único y fue un ejemplo de profesionalidad que pocas veces llegó a verse en incorporaciones de una temporada de un tiempo a esta parte.